El programa NEXT-Val impulsa la investigación sobre tolerancia inmunitaria y enfermedades autoinmunes
El Instituto de Investigación Sanitaria de Valdecilla (IDIVAL) ha reconocido el trabajo de siete jóvenes investigadores en la última edición del programa NEXT-Val (NEXT generation VALdecilla), una iniciativa que impulsa la investigación traslacional en el entorno biosanitario de Cantabria. Entre los premiados se encuentra Daniel Álvarez, investigador postdoctoral del IDIVAL cuyo proyecto aborda uno de los errores más costosos del organismo: cuando el sistema inmunitario, en lugar de protegernos, ataca por error a nuestro propio cuerpo.
NEXT-Val, dotado con casi 150.000 euros en total y con un máximo de 25.000 euros por proyecto, apoya a investigadores emergentes que todavía no han liderado ayudas competitivas, ofreciéndoles la oportunidad de dar un salto hacia una mayor autonomía científica y una proyección internacional. Para Álvarez, este respaldo supone un impulso clave para avanzar en una línea de investigación que combina la precisión de la biología molecular con la visión a largo plazo de la medicina traslacional. “Es una carrera muy bonita, muy frustrante muchas veces… pero si te gusta, merece la pena”.
Un viaje que empezó sin un plan fijo
Licenciado en Biología y Bioquímica por la Universidad de Salamanca en 2012, Álvarez reconoce que no siempre tuvo claro su camino. “Siempre me gustaron las ciencias naturales, pero antes incluso pensé en ser ingeniero. En realidad, podría haber estudiado muchas cosas diferentes”. El punto de inflexión llegó en la carrera, cuando cursó asignaturas de biología molecular impartidas por profesores que compartían con los alumnos sus propias investigaciones. “Fue lo que más me interesó de toda la carrera, y ahí me fui metiendo en esa rama”.
En 2013 comenzó su residencia en Inmunología Clínica en el Hospital Universitario Vall d’Hebron, uno de los centros de referencia en España. Desde el inicio combinó la asistencia a pacientes con la investigación y, durante su tercer año, inició un doctorado que se centró en las enfermedades autoinmunes de tiroides, una línea que no eligió al principio pero que acabaría conectando con su historia personal: “Coincidió con que mi madre había tenido una de estas enfermedades, así que lo viví también desde lo personal”.
Ciencia con raíces personales y proyección internacional
Su tesis, centrada en los mecanismos moleculares que regulan las respuestas autorreactivas, dio lugar a publicaciones en revistas de alto impacto y colaboraciones con grupos nacionales e internacionales. Uno de los hallazgos clave fue demostrar que las células foliculares tiroideas (TFCs) pueden inhibir la proliferación de linfocitos T autólogos mediante un proceso dependiente de contacto.
Ese hallazgo es el punto de partida de su proyecto actual, que busca caracterizar los cambios fenotípicos y transcriptómicos de las células T tras interactuar con las TFCs, identificar las vías de señalización implicadas y estudiar qué ocurre al bloquearlas con anticuerpos neutralizantes específicos. Aunque no espera una aplicación clínica inmediata, Álvarez subraya que los resultados podrían sentar las bases para desarrollar nuevos fármacos inmunomoduladores. “Si algún día esto sirve para mejorar aunque sea un poco la calidad de vida de las personas, será lo mejor que me podría pasar”.
Explicando la autoinmunidad sin perder su esencia
Su manera de resumirlo es directa y sencilla: “Nuestro sistema inmunitario nos protege de infecciones, pero a veces se equivoca y ataca partes de nuestro propio cuerpo. Yo estudio por qué pasa eso y cómo podríamos frenarlo para que cause menos daño”.
Las enfermedades autoinmunes afectan a entre un 5 y un 10 % de la población y, aunque los tratamientos actuales pueden frenar su progresión, no ofrecen una cura definitiva. De ahí la importancia de investigaciones como la suya, que buscan entender los mecanismos de fondo para abrir nuevas vías terapéuticas.
El valor humano en la investigación
En su trayectoria, Álvarez ha tenido referentes que han dejado huella, como su jefe en Barcelona: “Era muy cercano y amable e intelectualmente brillante. Aprendí muchísimo de él y siempre me impresionó todo lo que sabía”. También recuerda un consejo de una compañera del Vall d’Hebron: “La tesis es un 90% frustración y un 10% alegrías. Pero ese 10% es muy potente: cuando algo sale bien, recuerdas por qué haces lo que haces”.
Para él, ese sentido se multiplica cuando hay contacto con pacientes: aunque sabe que su investigación actual no tendrá un efecto inmediato sobre ellos, entiende que cada avance es básico para la medicina futura.
De Barcelona a Cantabria: equilibrio y proyección
Después de una década en Barcelona, Álvarez llegó al IDIVAL hace dos años. El cambio no solo le permitió un nuevo enfoque profesional, sino también un mayor equilibrio vital. “Aquí se trabaja muy bien, como allí, pero a otro ritmo. Por fin puedo compatibilizar mi vida personal con la profesional, y eso es algo que se agradece mucho”.
Cuando se proyecta hacia el futuro, sueña con que lo que hace hoy pueda llegar a ser aplicable “Me gustaría que dentro de 20 años podamos decir que este trabajo sirvió para algo concreto y mejoró, aunque fuera un mínimo la calidad de vida de alguien”.