https://www.idival.org/wp-content/uploads/2022/05/cab-presentacion.jpg

Nerea Muñoz Unceta, la oncóloga que busca biomarcadores para personalizar el tratamiento del carcinoma escamoso

En el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, la oncóloga Nerea Muñoz Unceta afronta un reto que marca un antes y un después en su trayectoria profesional: liderar por primera vez un proyecto de investigación propio. Su meta es tan ambiciosa como concreta: descubrir biomarcadores capaces de predecir qué pacientes con carcinoma de células escamosas (CCE) responderán mejor a un tratamiento determinado.

La motivación detrás de este objetivo es clara: ofrecer una medicina más precisa, que evite que personas que no se beneficiarán de un fármaco pasen por terapias inútiles o tóxicas, ahorrar tiempo en la toma de decisiones clínicas y aumentar las probabilidades de éxito terapéutico.

Este impulso llega gracias al programa NEXT-Val (NEXT generation VALdecilla), del Instituto de Investigación Sanitaria de Valdecilla (IDIVAL), que respalda con ayudas de hasta 150.000 euros a investigadores emergentes que todavía no han liderado proyectos competitivos como investigadores principales. Para Muñoz, no se trata solo de financiación: “Es mi primera beca como investigadora principal, así que la recordaré como el inicio de una nueva etapa en mi carrera”.

De Madrid a Lyon

Natural de Madrid, Nerea Muñoz se graduó en Medicina en 2011 en la Universidad Autónoma de Madrid. Allí comenzó a interesarse por la oncología, un campo que combina ciencia puntera, capacidad de análisis y contacto directo con las personas. Su especialidad la realizó en el Hospital Universitario 12 de Octubre, donde nació su vocación investigadora trabajando codo con codo con biólogos y científicos de laboratorio.

No se conformó con la práctica clínica: completó un máster en oncología molecular y tuvo su primera experiencia en el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. Más tarde, decidió ampliar horizontes y se trasladó a Francia con una beca de la Fundación ARC para realizar su doctorado en el Centre de Recherche en Cancérologie de Lyon, donde investigó el papel de la netrina-1 en carcinomas escamosos. Aquellos años en un entorno internacional le aportaron una visión más amplia sobre cómo la ciencia y la clínica pueden ir de la mano.

Un tumor, muchas caras y un objetivo común

El carcinoma de células escamosas puede desarrollarse en diferentes localizaciones —como el pulmón o la región de cabeza y cuello—, pero presenta mecanismos biológicos similares. Esto abre la puerta a estrategias de investigación que no se limiten a un órgano concreto, sino que aborden el problema desde una perspectiva global.

En la actualidad, el único biomarcador de uso extendido para predecir la respuesta a la inmunoterapia es PD-L1, y su valor predictivo es limitado. Esto significa que, a día de hoy, muchos pacientes reciben tratamientos que no resultan efectivos en su caso, con el consiguiente desgaste físico y emocional, además de un impacto en el sistema sanitario.

El proyecto de Muñoz plantea identificar biomarcadores comunes de respuesta y resistencia tanto a la inmunoterapia como a la quimioterapia en tumores escamosos de diferentes localizaciones anatómicas. Para ello, estudiará muestras de pacientes tratados en Valdecilla entre 2015 y 2025, utilizando tecnologías de vanguardia como secuenciación de ARN, RT-qPCR e inmunohistoquímica. Si el tiempo lo permite, también incorporará estudios funcionales en modelos experimentales in vitro e in vivo para entender mejor los mecanismos implicados.

La clave: tratar diferente a quienes son diferentes

“Tratamos a todos los pacientes igual, pero no todos responden igual”, subraya Muñoz. “Necesitamos saber antes de empezar qué pacientes se beneficiarán de un tratamiento y cuáles no, para no exponerlos a fármacos ineficaces o dañinos y no perder tiempo valioso”.

La oncóloga tiene claro que el futuro pasa por la medicina personalizada, aquella que ajusta cada tratamiento al perfil biológico de cada paciente. Y su investigación quiere dar un paso en esa dirección: no solo mejorar el pronóstico, sino también reducir toxicidades y optimizar recursos sanitarios.

Entre la ciencia y la consulta

Aunque la investigación forma parte esencial de su perfil, Muñoz no olvida que su verdadera vocación está junto a los pacientes. Recuerda con una sonrisa cuando la mostraron las instalaciones del laboratorio del IDIVAL: “Me trajo buenos recuerdos de mi doctorado, pero tengo claro que a mí lo que me gusta es estar con los pacientes; las pipetas y los ratones se los dejo a otros”.

Su visión está influida por su mentor en el 12 de Octubre, el doctor Luis Paz Ares: “Me enseñó una forma de pensar diferente y muy eficaz. La investigación tiene que ser parte esencial de nuestro trabajo; si no, no vamos a mejorar tratamientos que, aunque útiles, siguen siendo tóxicos, caros y no curan”.

Mirando lejos, pero con los pies en el suelo

La meta final para Muñoz es clara: que su trabajo sirva para mejorar la calidad de vida de los pacientes y, algún día, para curar. “Hoy buscamos darles una mejor calidad de vida, pero me gustaría que el trabajo que hacemos sirviera para acabar con esta enfermedad”.

A los jóvenes que se plantean una carrera investigadora les envía un mensaje directo: “Aunque es difícil por la falta de recursos y de tiempo, es esencial seguir investigando. Nos ayuda a entender mejor la enfermedad y a mejorar nuestros tratamientos. No dejéis de hacerlo, porque es necesario”.