La toma de decisiones sobre el precio y el reembolso de los medicamentos es uno de los grandes retos de los sistemas sanitarios actuales. Este fue el eje central de la conferencia «Toma de decisiones sobre precios y reembolso de medicamentos: marcos de valor, elementos y toma de decisiones estructurada», impartida por Pilar Pinilla dentro del ciclo Santander Biomedical Lectures. La sesión abordó cómo los países deciden qué medicamentos financiar con recursos públicos, garantizando el máximo beneficio para la población.
Pilar Pinilla es licenciada en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de La Laguna y máster en Health Economics, Policy and Law por la Universidad Erasmus de Róterdam. Actualmente preside la Asociación de Economía de la Salud (AES) y es Programme Director – Methods, Research and Health Economics en NICE, el organismo británico de referencia en evaluación de tecnologías sanitarias. Cuenta con más de 14 años de experiencia en evaluación económica, políticas sanitarias y asesoramiento a gobiernos e industria farmacéutica.
Durante su intervención, Pinilla invitó a los asistentes —en su mayoría profesionales clínicos— a reflexionar sobre el concepto de coste de oportunidad. “Cuando se decide invertir en una tecnología sanitaria, esos recursos dejan de destinarse a otras necesidades”, explicó. Por ello, la evaluación no se centra solo en el beneficio para un paciente individual, sino en el impacto global sobre toda la población, teniendo en cuenta recursos limitados y la diversidad social y clínica existente.
Evaluar para maximizar el valor en salud
La ponente explicó que la evaluación de tecnologías sanitarias (HTA) es una herramienta esencial para priorizar intervenciones, desde medicamentos y dispositivos hasta pruebas diagnósticas o tecnologías digitales. Su objetivo es asegurar que las decisiones se basan en la mejor evidencia disponible, maximizando las ganancias en salud y garantizando la equidad. “No se trata de ahorrar, sino de usar bien los recursos”, subrayó.
En este proceso, es clave diferenciar entre la aprobación regulatoria —que evalúa seguridad y eficacia— y la evaluación de coste-efectividad, que analiza si un medicamento aporta más beneficios en comparación con las alternativas existentes y a qué coste. Pinilla destacó que un fármaco caro puede ser coste-efectivo si genera grandes beneficios en salud, mientras que uno barato puede no serlo si provoca complicaciones o resultados limitados.
La experiencia del NICE en Inglaterra sirvió como ejemplo de un modelo independiente, transparente y multidisciplinar. Sus comités incluyen clínicos, pacientes, académicos, economistas e industria, y sus recomendaciones sobre medicamentos son legalmente vinculantes para el sistema público. Esta estructura refuerza la legitimidad de las decisiones y facilita su implementación en la práctica clínica.
Un contexto de cambio en España y Europa
La conferencia también abordó el momento de transformación que vive España en este ámbito. La entrada en vigor del Reglamento Europeo de Evaluación de Tecnologías Sanitarias y el futuro Real Decreto español buscan reforzar la transparencia, separar claramente la evaluación de la toma de decisiones y mejorar el uso de la evidencia económica y clínica en la financiación de medicamentos.
Pinilla concluyó destacando que la evaluación de tecnologías sanitarias debe ser clara, inclusiva, independiente y basada en evidencia, pero también ágil y útil para los profesionales. “Solo así lograremos decisiones que reflejen los valores de la sociedad y garanticen un sistema sanitario sostenible y justo”, afirmó, agradeciendo la participación y el interés del público asistente.
