La investigación, en la que ha participado el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (HUMV) a través del Grupo de Investigación en Enfermería del Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla (IDIVAL), muestra que la mala calidad del sueño aumenta durante la hospitalización y señala factores potencialmente modificables
Dormir bien es una parte fundamental de la recuperación, pero el entorno hospitalario puede dificultar considerablemente el descanso de los pacientes. Un estudio multicéntrico nacional en el que ha participado el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla ha analizado cómo evoluciona la calidad del sueño durante la hospitalización y qué factores relacionados con el entorno y los cuidados nocturnos pueden contribuir a su deterioro.
El trabajo, titulado The Influence of Hospitalization and Nursing Interventions on Inpatients’ Sleep Quality: A Multicenter Observational Study, ha sido realizado con 383 pacientes adultos ingresados en unidades médicas y quirúrgicas de 12 hospitales públicos españoles. Los resultados muestran que la proporción de pacientes con mala calidad del sueño pasó del 71% al ingreso al 85,9% durante la hospitalización.
La participación de Cantabria se articuló desde el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla, con profesionales de enfermería de las unidades de Cardiología Crítica, Cardiología y Cirugía Cardiovascular. La representación de Valdecilla en el artículo corresponde a Isabel Pérez-Loza, enfermera asistencial de la Unidad de Cardiología Crítica, integrante del Grupo de Investigación en Enfermería de IDIVAL y con Venia Docendi de la Universidad de Cantabria (UC), que ejerció como investigadora principal del centro y coordinó la participación de las diferentes unidades.
Analizar qué ocurre con el sueño durante un ingreso
La investigación surge del proyecto CHRONOHOSPI, “La salud circadiana en pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos y de hospitalización”, financiado por el Instituto de Salud Carlos III en la convocatoria de 2018, con financiación europea FEDER, a través de los proyectos PI18/00732, PI18/00743 y PI18CIII/0012.
CHRONOHOSPI se integra, además, en una línea de investigación más amplia relacionada con el sueño de las personas hospitalizadas y conectada con SueñOn, iniciativa impulsada desde enfermería para concienciar a profesionales, gestores y pacientes sobre la importancia de proteger el descanso durante la hospitalización.
«Queríamos conocer cómo duermen realmente los pacientes cuando están ingresados en un hospital y qué factores relacionados con la hospitalización y con los cuidados que reciben durante la noche pueden estar interfiriendo en su descanso», explica Isabel Pérez-Loza.
Para ello, se evaluó la calidad del sueño de los pacientes mediante el Pittsburgh Sleep Quality Index, tanto al ingreso como al alta, y se recogieron datos relacionados con las intervenciones de enfermería realizadas durante la noche, las características de la habitación, las molestias percibidas y otras variables sociodemográficas y clínicas.
El sueño empeora durante la hospitalización
Uno de los principales resultados del estudio es que una proporción muy elevada de pacientes ya presentaba una mala calidad del sueño antes del ingreso, pero esta situación empeoraba durante la hospitalización.
En concreto, el 71% de los pacientes presentaba mala calidad del sueño al ingreso, mientras que durante la hospitalización esta proporción ascendió hasta el 85,9%.
El estudio también encontró una asociación entre un mayor número de días con intervenciones nocturnas y una peor calidad del sueño. Entre las intervenciones registradas, el 78,9% de los pacientes recibió administración de medicación durante la noche, el 54% controles de constantes vitales y el 36,3% extracciones sanguíneas.
Además, determinados factores relacionados con el entorno hospitalario también se asociaron con una peor calidad del sueño, entre ellos las molestias ocasionadas por los compañeros de habitación, la cama o la ropa de cama.
Las extracciones sanguíneas nocturnas se asociaron específicamente con un empeoramiento de la calidad del sueño en las mujeres, mientras que las intervenciones relacionadas con la gestión de la ansiedad se asociaron con una menor calidad del sueño en los hombres.
Identificar qué factores pueden modificarse
Para las investigadoras, uno de los aspectos más relevantes de los resultados es que algunos de los factores identificados pueden ser susceptibles de modificación.
«No podemos evitar que una persona esté enferma o necesite cuidados, pero sí podemos plantearnos si determinadas actividades nocturnas pueden organizarse de otra forma, reducir interrupciones innecesarias o adaptar mejor el entorno para favorecer el descanso», señala Pérez-Loza.
En este sentido, los resultados apuntan a la necesidad de incorporar el sueño como un elemento más dentro de la calidad de la atención hospitalaria. Entre las posibles estrategias se encuentran revisar la organización de determinadas actividades nocturnas, agrupar intervenciones cuando sea posible, reducir interrupciones no imprescindibles, mejorar el confort ambiental y formar a los profesionales en prácticas asistenciales que favorezcan el descanso.
«No se trata simplemente de hacer menos cosas durante la noche, sino de organizar mejor los cuidados, identificar qué intervenciones son realmente necesarias en horario nocturno y buscar alternativas que permitan conciliar seguridad clínica y descanso», explica la investigadora.
El artículo plantea también la utilidad de desarrollar protocolos orientados a proteger el sueño, introducir modificaciones ambientales y recurrir a tecnologías de monitorización que permitan realizar determinados controles de una forma menos disruptiva.
Una investigación desarrollada también durante la pandemia
La recogida de datos se realizó entre enero de 2020 y febrero de 2022, por lo que una parte importante del trabajo de campo coincidió con la pandemia de COVID-19.
Esta circunstancia supuso una dificultad añadida para un estudio que ya requería la coordinación de equipos de investigación y profesionales de enfermería de 12 hospitales. Las restricciones de acceso, los cambios en la organización de las unidades, el aislamiento de pacientes y la elevada presión asistencial pudieron influir tanto en el desarrollo del estudio como en el bienestar y el sueño de los pacientes.
A pesar de estas dificultades, la colaboración entre los diferentes centros permitió completar un estudio multicéntrico que aporta datos sobre un aspecto de la atención hospitalaria que, según las autoras, ha recibido tradicionalmente una atención limitada.
Del conocimiento a la práctica clínica
La publicación abre ahora una nueva etapa orientada a trasladar estos resultados a la práctica asistencial mediante el desarrollo y evaluación de intervenciones dirigidas a reducir las alteraciones evitables del sueño.
En este contexto, iniciativas como SueñOn desempeñan un papel relevante en la sensibilización de profesionales e instituciones y en la promoción de estrategias para proteger el descanso de los pacientes hospitalizados.
«El sueño no es un lujo ni una cuestión secundaria dentro del hospital: también forma parte del cuidado», concluye Isabel Pérez-Loza.
El trabajo pone así de manifiesto la importancia de incorporar el descanso como una dimensión más de los cuidados y de avanzar hacia modelos de atención que permitan mantener la seguridad clínica al tiempo que se protege, en la medida de lo posible, el sueño de las personas hospitalizadas.
Foto: Parte del equipo investigador
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